Vivimos en una época en la que comer rápido, barato y fácil parece ser la norma. Sin embargo, lo que muchas veces olvidamos es que la alimentación influye directamente en cómo nos sentimos, no solo físicamente, sino también a nivel emocional y mental.
Los llamados alimentos ultraprocesados —aquellos que contienen aditivos, colorantes, saborizantes, azúcares añadidos, grasas refinadas y harinas altamente procesadas— no solo alteran nuestro metabolismo, sino también la forma en la que nuestro cerebro funciona y regula las emociones.
¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando abusamos de ultraprocesados?
Estos productos generan picos rápidos de glucosa en sangre seguidos de caídas bruscas, lo que produce fatiga, irritabilidad y cambios de humor. Además, su bajo contenido en nutrientes esenciales (vitaminas, minerales, fibra y ácidos grasos saludables) limita la capacidad del organismo para mantener un equilibrio químico adecuado, afectando neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, fundamentales en la regulación del estado de ánimo.
El impacto en nuestra salud mental
Diversos estudios han demostrado que una mayor ingesta de alimentos ultraprocesados se asocia con un mayor riesgo de depresión y ansiedad.
Un estudio publicado en Public Health Nutrition (Adjibade et al., 2019) encontró que las personas con mayor consumo de ultraprocesados tenían un 21% más de riesgo de sufrir síntomas depresivos.
Otro estudio reciente en JAMA Network Open (Wang et al., 2022) observó que el consumo elevado de bebidas azucaradas, snacks salados y productos de bollería industrial se relaciona con una peor calidad del sueño y mayor sintomatología ansiosa.
Esto no es casualidad: los ultraprocesados pueden alterar la microbiota intestinal —un componente clave del llamado eje intestino-cerebro—, promoviendo inflamación sistémica y afectando la comunicación entre el intestino y el sistema nervioso central (Sánchez-Villegas et al., 2015; Firth et al., 2020).
Alimentar el cerebro también es autocuidado
Elegir alimentos reales, ricos en nutrientes, no se trata solo de “comer sano”, sino de cuidar nuestro bienestar emocional.
Optar por frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado azul, frutos secos y aceite de oliva virgen extra —como propone la dieta mediterránea— puede tener un efecto protector frente a la depresión y la ansiedad (Lassale et al., 2019).
En Nutrimente creemos que el cambio empieza en el plato, pero también en la forma en la que nos relacionamos con la comida. Comprender qué nos impulsa a buscar ciertos alimentos, especialmente en momentos de estrés o tristeza, es fundamental para romper el círculo de ansiedad y alimentación impulsiva.
Una invitación a la consciencia
No se trata de prohibir, sino de recuperar el control y la conexión con lo que comemos. Cada elección cuenta: cuanto más nos acercamos a la comida real, más equilibrados nos sentimos por dentro y por fuera.
Porque nutrir el cuerpo es también nutrir la mente.
Scilla Tamburini TSD en Diétetica y Nutrición y Experta Universitaria en Alimentación y Nutrición en la Vida Activa y el Deporte
Referencias
- Adjibade, M., Julia, C., Allès, B., Touvier, M., Lemogne, C., Srour, B., … & Kesse-Guyot, E. (2019). Prospective association between ultra-processed food consumption and incident depressive symptoms in the French NutriNet-Santé cohort. Public Health Nutrition, 22(18), 3308–3318.
- irth, J., Gangwisch, J. E., Borsini, A., Wootton, R. E., & Mayer, E. A. (2020). Food and mood: how do diet and nutrition affect mental wellbeing? BMJ, 369, m2382.
- Lassale, C., Batty, G. D., Baghdadli, A., Jacka, F., Sánchez-Villegas, A., Kivimäki, M., & Akbaraly, T. (2019). Healthy dietary indices and risk of depressive outcomes: a systematic review and meta-analysis of observational studies. Molecular Psychiatry, 24(7), 965–986.
- Sánchez-Villegas, A., & Martínez-González, M. A. (2015). Diet, a new target to prevent depression? BMC Medicine, 13(1), 215.
- Sánchez-Villegas, A., & Martínez-González, M. A. (2015). Diet, a new target to prevent depression? BMC Medicine, 13(1), 215.

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